Silencioso acometimiento de lo nefasto y lo pobre que no haya acomodo entre la pobreza pues se pretende teniendo lo que no ha visto siquiera
Sí, cercados y acorralados los pocos que resistimos (resistir no es una opción, existir equivale a resistir o se deja de ser lo que se es; es obvio —no sé por qué hace falta que lo diga— que no hablo de la resistencia política). La cuestión es que el acometimiento contra el que resistimos no sabe que nos está atacando. Nos quiere destruir porque es ésa su naturaleza, pero no es seguro que sepa que existimos: es un usurpador que no sabe que usurpa.
Tampoco resistimos para proteger nada. Aquello que defendemos tiene más fuerza que cualquier cosa imaginable; ni nosotros, ni ellos mucho menos, pueden alterarlo mínimamente siquiera. Defendemos el poder acercarnos, defendemos nuestro ser‐honestos (los que saben lo que significa esta palabra quizá sepan de lo que hablo). Nos defendemos, pues, a nosotros mismos de todo lo demás que nos demanda sumisión ¡Oh, grandes palabras, las más grandes, rebajadas vulgarmente por el buen e ingenuo —muy ingenuo, rayando en la candidez infantil más inocente— deseo de alguien honesto de acercarlas a los incapaces! No se dio cuenta de que cometía un error, hacía violencia a la verdad, lanzándola a los que no la buscaban, y hacía violencia a los que lo escuchaban, haciéndolos saber lo que jamás pidieron.
Pero esto es un accidente: aquéllos que siempre han querido hablar y nunca pensar, que siempre han querido saber y nunca investigar, y los que siempre investigar y nunca saber nos han acompañado desde que existimos, nos han destrozado y burládose de nosotros (eso sí a sabiendas). Pobres, en verdad; son, de todos, los más engañados y confundidos, los más risibles y desgraciados. Lo malo es que no saben nada. Nos fastidian ¡Ah, cómo nos fastidian! Nos llaman a ser como ellos, nos ofrecen espejismos, nos hacen odiarnos por ser incapaces de alcanzar la medianidad de su pensamiento, o de comprenderlo siquiera. Nos rodean, se aparecen como amigos, pero nos quieren destruir en lo que somos y convertir en lo que son: en bestias que han aprendido a hablar por el arte de la imitación, pero cuyos pensamientos no corresponden ni de cerca a lo que dicen, ni saben por qué es así.