Con una rapidez que sorprende, los voceros más cínicos de la derecha, sus bots y los hueros políticos residuales del neoliberalismo despiadadamente cleptócrata han coordinado una rabiosa campaña de propaganda para dominar la narrativa del helicopterazo poblano. Esto nos pone ante dos prospecciones, la una ridícula y la otra altamente preocupante.

Es ridículo que quiera asociarse a la figura de AMLO con prácticas gubernamentales represoras o violentas. Él siempre se comportado como un pacifista, presumiendo de que en las protestas que encabezó jamás “se rompió ni un vidrio” aún cuando sus bases le exigían acciones contundentes y había decenas de miles dispuestos a jugar su vida pidiéndole que llamara a un alzamiento armado. Él, que soportó que le arrebataran la presidencia del país respondiendo sólo con el cierre de una avenida (medida simbólica y sabidamente inconsecuente, que parcialmente estuvo destinada a canalizar la inconformidad de manera ordenada). Él que ha elegido soportar de sus antecesores un protagonismo cínico de oposición a pesar de tener los elementos necesarios para desatar una persecución judicial masiva y, sobre todo, justa por sus actos criminales.

No hay en la personalidad de Andrés, o de los ocupantes de los mandos policíacos de su gobierno ni un asomo de tales actitudes.

Tampoco habría necesidad alguna de tal acto. En primer lugar, porque de ser tan importante para él el control morenista del gobierno poblano y de estar dispuesto a semejantes actos, habría sido muy fácil cabildear en el TEPJF una sentencia de anulación; máxime porque éstos le mandaron un guiño con el proyecto de resolución, al que finalmente rechazaron ante la nula respuesta del ejecutivo.

El desplome de aeronaves es un sello distintivo del panismo, que tiene una extensa lista de semejantes “accidentes”, cuyos protagonistas han tenido en más o en menos relación con las corporaciones de seguridad. Si hubo alguna falla prevenible en el desplome del helicóptero ésta debe estar relacionada con la corrupción en el mantenimiento de éste, o a un sabotaje relacionado con las actividades extra‐oficilales de Moreno Valle.

Es preocupante porque está delineando una campaña de propaganda calumniosa bien coordinada que se proyecta a ser la estrategia de la reacción durante el sexenio, bien en línea con las que se han aplicado, con mayor o menor éxito, en Sudamérica.

Lo importante no es tanto el contenido concreto, porque al fin de cuentas la ridiculez de las especulaciones y calumnias caerá por su propio peso. Lo que se busca es crear una imagen, una reputación por un martilleo constante de calumnias. Por suspuesto que los partícipes de la presente no se darán por enterados del resultado de las investigaciones, sea quien sea el que lo dé; para entonces se habrán movido a la siguiente calumnia y, antes de que ésta se desmienta, seguirán con otra y otra y otra.

El recurrir a las fake news (en su sentido originario, no en el del trumpismo) para crear una corriente monolítica de visceralidad y animadversión contra la persona y el proyecto de la Ⅳ república es la finalidad. Faltará ver si la autoridad moral —indestructibilidad como él la ha llamado—de AMLO es capaz de contener esta andanada; es muy probable que sí, pero también se ha visto que, a pesar de que la persona salga indemne, el desprestigio del partido puede ser suficiente para los derechistas (como en Brasil lo fue) (lo que no ha pasado aquí hasta este momento, pero apenas vamos empezando).

Una diferencia considerable entre ésta y todas las campañas anteriores de calumnia contra el lopezobradorismo es, en primer lugar, que no se es más oposición, sino gobierno en funciones (lo que pone, en el ideario mayoritario, una perspectiva de ofensiva); y en segundo que, además de los políticos, los opinólogos (a quienes les gusta otorgarse un lugar de influencia que no corresponde con la realidad) se han dado a repetir no falsedades disfrazadas de argumentos como lo solían hacer, sino claras y busrdas calumnias. Basta darle una ojeada al #AMLOAsesino en twitter para curtirse del nivel de la ignorancia, visceralidad, saña, rencor y manipulación que se exuda de los opinones y sus esquiroles, bots o genuinos.

También hay que destacar que el grueso del aparato detrás de todo esto proviene del PRI, lo que dimensiona significativamente el propósito y alcance de la campaña que están promoviendo.

Hace falta ver la respuesta de la opinión popular. AMLO dice confiar en su inteligencia y sentido común. Yo, por el momento, estoy de acuerdo con eso; pero no creo que sea tan firme como él parece suponer. AMLO ha repetido ya varias veces que no habrá “divorcio” entre el poder y el puebo; pero poco se ha visto de la disposición del pueblo ha no divorciarse del ejecutivo, y es eso lo que debería buscarse ya.