Murió ayer Nazar Haro. Murió impune, pero eso no es lo importante: lo que importa es que murió en paz consigo mismo, aunque tuvo que ser entregado a la desdicha en su vida para conseguir esa satisfacción. No, realmente no creo que haya vivido feliz, pero qué chingaos voy saber yo de la infrahumanidad racional‐moderna de un hombre como ése.