Moreno Valle, padrino del huachicol, paladín de la ley bala, burdo golpeador político, defraudador de la democracia, poco más que un criminal y un traficante de influencias ejemplar; y su mujer, virreyna de Puebla, presta sucesora de todo lo anterior, han cesado su existencia.

Se aprestan para ellos ridículos homenajes y revindicaciones. La corrección política y el respeto al duelo exigen del poder federal respeto; pero no del pueblo, víctima sin concesiones de la ambición despiadada y sociópata de los socios antedichos.