Finalmente, el ejecutivo decidió recortar más su propio gasto para poder cubrir con las demandas monetarias de las universidades públicas. En respuesta, Graue y amigos anunciaron que lo ejercerán con austeridad. Vaya pues, si así lo dicen —y, siendo como son, incapaces de mentira—, no queda más que creerles y congratularnos: la prudencia, decencia y honestidad gobernarán en adelante los destinos universitarios.