¿Por qué pretenden igualar el asunto del “fiscal carnal” del peñismo con el hecho de que el procurador —ahora llamdo fiscal— general sea electo por el senado de una terna enviada por el ejecutivo?

La vara con la que se está midiendo al lopezobradorismo aún no en funciones es la de la idealidad; y eso está bien. Pero es desconcertante que en los análisis ahora, como en los de los sexenios anteriores, los expertos y las OONG supongan un ambiente de normalidad institucional y legal, o es decir, que ignoren la realidad del perfil ético y político de los que ahora son inmensa mayoría en la administración pública y entre ellos mismos, auto nombrados representantes de su entelequia que llaman “sociedad civil”.

Exigen leyes perfectas en una país cuyo nivel de urgencia fáctica son incapaces de dimensionar.