No veo qué es tan difícil de entender sobre la postura del AMLO respecto de la corrupción del pasado: La resistencia y los conflictos que se desatarán por tocar los más altos intereses de los aún poderosos políticos —y sus anexos empresariales‐delincuenciales— no valen el desgaste, tiempo y energía que serán necesarios: es mejor emplearlos en la construcción de un régimen nuevo.

Las interpretaciones claramente tergiversadoras —el Reforma, el más descarado— intentan vender la imagen de que AMLO permitirá la corrupción como una opción política; ante lo cual él ha sido claro: ésta se castigará (hacia adelante) sin exepciones.

Si después se decide que sí merece el desgaste y los conflictos que AMLO quiere evitar, es otro asunto. La discusión no puede darse en los términos simplistas que los opositores pretenden.