2008, jul. 27

Inciensales

Sí, arde un poco, pero no puede negarse que siempre puede que sea distinto… el ardor es cosa mía: no importa que me arda, el hecho es que no me molesta.

Mantener las manos sobre el fuego es fácil, una vez que conoces lo que el ardor significa. Mantenerlas sobre una piedra ya es una cuestión distinta y nadie, que yo sepa, ha podido tolerar algo así.

Cómo es en medio de una tibia humedad, eso es algo sobre lo que no podría opinar, porque yo nunca soy yo cuando eso pasa; de otra manera podría recordarlo. La humedad, hay que decirlo, es encantadora porque es general, y benevolente, cualquier misterio que quiera ocultar, puede siempre hacerlo si es un poco sutil, como sábanas de seda, como láminas de metal.

Algo verde es un bonito envoltorio, sencillo y discreto. Un adorno que simboliza muchas cosas, una piel suave esperando que el viento la manifieste como tal, unos trazos inconexos, unos olores confusos, sensaciones de planicie… pero yo siempre aquí, siempre siendo. Un poco derribado, en contra de mi razón y en consecuencia con mi voluntad, permanezco. Si esta batalla la gana la razón, lo que queda es el suicidio como única conclusión lógica de las fundamentales premisas existenciales. Sí, todo sigue aquí: a pesar mío estará siempre, a menos que no esté yo, con lo cual no se gana nada. Artes infantiles, anhelos fútiles y pretensiones absurdas, querencias huecas y oquedad absoluta. Sí.

De pie: hay que caminar para llegar al lugar donde los pies son incinerados. Pero antes podremos darnos cuenta de la suavidad de la arena.