λύω, λύεις, λύει, λύομεν, λύετε, λύουσι
Y si alguien sabe qué estoy pensando ahora, ahora mismo, ¿cómo lo haría?, ¿cómo saber yo qué es lo que estoy pensando? ¿Y si alguien sabe, respecto de mí, algo que yo no sé?… Y después de tres tragos, a mover la cabeza.
“pa, pa; pa, pa, pa… pa, pa”. Qué bien se escucha todo lo que sale de su boca, qué bien todos los movimientos de su cuerpo ¡Qué bonito el enceguecimiento involuntario! ¡Cuántas personas, cuánta valía caben en una sola! Dos o tres pasos de baile, ¿es acaso un precio excesivo?… ¿Qué puedo decir yo! Y después de correr algunos metros uno puede caer y tropezar en el lodo, que es infame, que es inerte, al que le somos indiferentes (para el que no somos más —ni menos— que nada).
Y pues, nadie sabe. Años y otras cosas que no son años, pero que se les parecen; y bueno, a parte de eso, el mundo terminará y, aún sabiéndolo, la gente lo sirve, creyendo que se sirve. La solución es que se conozcan a sí mismos, pero, ¿cómo?
Tras un día, tras dos, tras algunas partes, tras la gente que no es gente y los animales que hablan. Un animal que habla no explica nada, sólo escupe y, tras escupir, se traga lo que ha escupido.
Alguien que grita, por otro lado, merece mucha más atención.
—λύω, λύω, λύω
—Sí, ¿qué soy yo, que estoy perdido?
—λύεις, λύεις, λύεις
—No, ¿quién eres tú, que no sabes que lo estás?