Llorona…
La pena y la que no es pena, Llorona: todo es pena para mí. Ayer penaba por verte, Llorona, y hoy peno porque te vi.
Y no hay forma que yo entienda en la que ocurra de otra manera, siempre lo que hago se condena a un irremisible dolor. El dolor es una exigencia, al parecer, de lo que vive, y el dolor más grande una condición del amor más grande. Pero, entonces, quien me ama sufre dolor por mi causa; lo último que me conviene es amar a quien me ama, pues causarle dolor al amado es un doble dolor; y, sin embargo, es inevitable.
«Es horrible querer tanto».
Una vez lo escuché de una persona de las mejores que habitan este mundo, injusto desde su nacer. Y, sin embargo, todo eso y más lo pago, porque el dolor no es pérdida (no se crea ni se destruye … ). El amar, en cambio, e incluso el ser amado, es una ganancia inmensa.