micros
Dejando de lado el hecho de que todo movimiento implica una búsqueda, a veces no comprendo cómo de su garganta sale esa voz, que es asesina. Hilvanar y recoger engaños todas las mañanas hasta que la noche y el sueño nos desvanezcan: ¿se puede vivir de otra manera? ¿Qué sentido tiene morir, si la vida sigue? “…un soldado en cada hijo te dio…” Por el pequeñísimo tamaño de sus zapatos pudo reconocer al que ese día la consoló sin que se lo pidiera. Naturalmente, huyó desesperada. Que los sentimientos sublimes —por su rareza— no encuentren palabras que los hagan inteligibles no implica que todo lo ininteligible sea sublime. No es que se quiera encontrar lo que no hay más. Simplemente se lo busca en la opuesta dirección del futuro. Una bandera vieja y percudida que se agita con el viento. Solitaria, se enfrenta a la tempestad, y a la arrogancia ignorante de lo sauces. Las personas que sólo conocen al mundo y a sí mismos por palabras pueden creer que la verdad depende de quien la piensa. Y no. “Definitivamente los amaneceres del Mediterráneo no son como los de aquí”, dijo. Y tal vez así sea, pero es el despertar el que no cambia. Hay quien piensa que usar palabras raras, trasgresiones al sentido u oxímoron fáciles basta para hacer de una trivialidad algo importante. La realidad de lo que es no puede alcanzarse por el conocimiento, pero el conocimiento —la sensibilidad— es todo lo que existe. Soy incapaz de enfrentarme al rojo amanecer del ocaso sin que mi corazón se queme… no hay razón: sólo el anuncio de la muerte. Anoche vi que las estrellas querían acercarse a mí, y no podían. Hoy, que han huído, me doy cuenta del error que cometí al no llamarlas. Todos los que entienden el caminar como un hecho inevitable, entienden también que la muerte es tan inexistente, como la vida. Una especie de remordimiento es el que no me permite hablar de lo que no me incumbe, pero últimamente soy muy impúdico :( Sólo esas ratitas pueden habitar el metro, y tan bien lo hacen que la mierda que les pasa por encima no las disuade de buscar el alimento. Los muertos no se van, se quedan con nosotros. A veces debajo de la cama, a veces colgados en el closet, pero mejor es comerlos. Y las cosas ahí están, y no se mueven, como si retaran para que se las viera, como si esperaran en serena calma su destrucción. Son la gran realeza, siempre bien portados, siempre matando a alguien, siempre esperando que nuestra sangre alimente su frivolidad… ¿Hay que escuchar a los que con los ojos te exigen que te mueras? Este mundo se pudre, esta vida se acaba, este hambre no cesa, esta casa se enconge, este dolor me come: esta noche, no más. Para encontrar una salida al laberinto no hay que buscar el olor de la comida, sino el terror del encierro. «Si me han de matar mañana, que me maten de una vez.» Si no me muevo, me muero. No quiero morir todavía, pero qué flojera... De verdad quiero, de verdad necesito, pero el mundo no se hace a mi ley, ni yo a la ley del mundo. Nadie vendrá, nadie nos escucha. No, hoy ya no repitas que el mundo girará mañana. Hoy ya no puedes decir que las maldiciones no se cumplen. Primero lazaron sus manos y le pidieron que rezara. Cuando conrtaban su lengua, sólo miradas de odio le ofrecían. Ya colgado, gritaban ¡VCR! «Para todo mal, mezcal; para todo bien, también.» De noche todos los pardos son gatos.