micros
No hay en el mundo riqueza capaz de coaccionar la dignidad de una persona íntegra, ni de acabar con la esperanza inocente que nos acompaña. Siento cómo se consume el tiempo y se acumula en mi vientre, siento cómo la luz me provoca. Ante esto, la indiferencia se yergue majestuosa. No hay en el mundo riqueza suficiente para calmar la consciencia que se sabe causante de tanto sufrimiento, ni ahogándose siempre en alcohol El séquito que solía acompañarlo quedó en la entrada del pueblo, mientras en las casas se escuchaban gritos, súplicas, insultos: Bienvenidos No hay en el mundo riqueza suficiente para satisfacer a todos los holgazanes que se regodean en el lodo de la obscena mezquindad capitalista No hay en el mundo riqueza suficiente para alabar la grandeza de los que no ven la inmensa miseria y dolor que posiblita su concupiscencia. No siempre se puede levantar la mirada; aunque todo es cuestión de pareceres ¿Por qué no la de una súplica? Parece que así se levanta igual. A pesar de que en la orilla se encuentre una piedra con forma piramidal, hay que terminar de comerse lo que está en el plato. Nunca ha faltado el grito de desesperación pero ahora, sin la fuerza del impulso inicial, sólo queda el patetismo de repetir la frustración. No por que la gente suponga que comer les ayuda a vivir es eso cierto: Para muestra, todos los que han muerto atragantados. La situación de mierda a la que lo trajo su miedo a la humillación, las denigrantes consecuencias de mantenerse íntegro en tiempos de crisis Estamos locos y cansados. Se crean y se destruyen civilizaciones y mundillos indistintos en el fondo: la decadencia. Uno puede desatender la vida y suponer que ya no hay más a dónde ir; pero el destino nos arrastra, y no en manera educada. «Yo sé que tu recuerdo es mi desgracia y vengo aquí nomás a recordar» Parece que las provocaciones han comenzado de manera muy burda. Ése es el tamaño de su miedo, y aquél es el peligro de su desesperación. Hoy te extraño mucho, mi bonita, aunque de una manera muy curiosa… estando, solamente estando y sintiendo tu falta. Una noche fría, un momento pobre, un ardor abdominal, una canción repitiéndose sin cesar y una ventana que sólo muestra neblina: solo: mal. …es moverse un poco para manifestar el hartazgo ante la hipocresía, el cinismo, y el despiadado y vano disfrute del trabajo y dolor ajenos. …El poder de una canción para destrurir un alma que ya se había acostumbrado a la serenidad. Simples idiotas fabricados por estructuras enajenantes, injustas y enfermas de bajeza y de humillación. Pero es la estupidez lo fundamental. Recuerdo que un día salí de mi casa para votar, copado por un sentimiento de vana trascendencia. Recuerdo que lo sabía, pero, ¿por qué no? «…sitiado en mi epidermis…» Y los infelices que se presumen importantes y que caminan agachados comiendo del piso lo que sus amos les arrojan se sienten, hoy, felices. Rescaté un papel de la basura; lo acompañaban una manzana pútrida y el lamento por los tiempos en que se enterró el futuro. Comedia representada por un animal que busca a toda costa el encuentro con su momento divino, por el que está dispuesto a pagar un alto precio. La agustia de ser prensado en pan de caja y cubierto por jitomate y mayonesa no se compara con nada… quizá, con la de congelarse los pies. En reconsiderando mi admiración por los que no se hacen pendejos, cuando de hacerse pendejos se trata. «Haz patria: mata a un chilango» Dejar que se pierda el momento aquél y el momento éste que me gustan es una gran tontería: Hay que guardarlos bien, quizá incluso venderlos. Detrás de esos dientes blancos y de esos labios rojos se encontraba la prueba irrefutable de que no todas soportan la verdad amablemente.