micros
Estoy raro, no sé si comer algo me sirva, no sé si humillar gente me sirva; tal vez la tele me ayude a no pensar… o a atravesarme un poco. Mendicidad creciente la de los días aquellos en los que los hombres se miraban y decían “vamos por buen camino”. Y llegamos aquí, casi vivos Muy muchos no saben distinguir la retórica barata del buen decir: aprecian lo primero y de lo segundo opinan lo que les dicen que opinen. Un reguero de mierda: a su paso todo se colmaba. Detrás cuyo, uno que comía lo que más podía. Delante, uno que lamentaba su altivez de ser. Hay veces que entre más correcto se habla, menos se comunica. Hay que hablar mal para que se entienda… hay veces. No hay persona peor para este mundo que un pendejo con iniciativa… Mi oficio es cobrar por lo que debiera hacer movido sólo por la voluntad de no morir en la inmundicia. Pero mi vida también importa un poco Buena idea, esa de meter su cara en una bolsa y su cuerpo en un costal, pero ahora explique: ¿cómo piensa salir del fango? No sé si esto haga lo que se supone que debe hacer, pero hoy no tengo tanto tiempo como para comprobarlo. Aventura. Si se encuentra con la noticia de la desecación de los mares todos, no tema, es que el negro de sus ojos y el canela de su piel ya no están. Esperar cubierto por las cobijas, abrazado a un peluche, destrozados los ojos por la hinchazón, no es la mejor forma de conseguir pastel. Hola, pretencioso señor; hoy lo vi muy enjundioso. Su hija estará de nuevo llorando, de nuevo echada en el silllón por horas. No puede más. Disfruto envencerme con lo que podría hacer o con lo que casi he hecho o —a veces— con lo que ya hice; nunca con lo que estoy haciendo. Malo Me quiero morir, que me coma el tiempo y me arrastre por lo que fui, por los tiempos insaciables de antaño, por el sentimiento que se acaba En el momento más adecuado para alcanzarla, en el raro instante que pudo ver sus ojos sin que ella lo mirara, un tropiezo. Gran pérdida ¿no? El des‐tierro: despojado del sustento, de la memoria que guarda lo vivo de lo que ha vivido y de los sublimes encuentros con lo ya‐sido. Quizo vivir enmedio de un árbol, oculta en una flor, escondida de los buitres y las palomas; pero los enemigos no descansan, ni las abejas. Hoy, al Zócalo. A ver qué pasa; tiene que pasar algo, la situación lo amerita… a ver qué pasa. Buen día. Detened al perro que ladra siempre, detenedlo antes de que acabe de asfixiarse, antes de que mate al niño por fin, antes de que vuelva aquí. En el principio de toda la maldad, como en el pincipio de toda vida, están siempre la ausencia de saber y el desmedido impulso hacia fuera. Un sábado frío y un estómago que no quiere dejar de envenenar mi cabeza. Mal día para mí. Mal tiempo para pensar: Buenos pretextos, perezoso No se puede vivir en la relatividad del valor de ésta mi vida, no se puede vivir aceptando muchas verdades, so pena de volverse una piltrafa En este pequeño mundo en el que pocos saben qué hacer con su tiempo vital, la gente se complace planeando vidas ajenas —hasta la suya propia— No es interesante ver cómo una persona va dejando su aliento esparcido por esta tierra hasta el último. Interesante es contar sus lágrimas. Antes de que lo alcance la fuerza mortal de su mirada, hay que buscar una piedra con una cavidad tal que puedan entrar él, su mascota y dios Afortunado por burgués, aunque demasiado para serlo realmente… «Todo, por servir, se acaba» Al crepúsculo dominical (solecito anaranjado): Y sin embargo, bajo el cielo que presides continúa el aparecer de rostros que rigen mi tiempo Hombres mentirosos que se desprecian a sí mismos a tal grado de no morir de la vergüenza en descubriéndose tan cretinos, cual lo son sin duda No hay en el mundo riqueza capaz de coaccionar la dignidad de una persona íntegra, ni de acabar con la esperanza inocente que nos acompaña.