micros
Los retazos de tela agrupados que cubrían su cuerpo enjuto no alcanzaban a disimular la pobreza de su empresa, la miseria de su muerte Y se hizo una chocita de paja, que cayó con la noche. Nuevamente la levantó. Nuevamente cayó con la noche… En silencio, durmió bajo tierra. Una mañana de esas que duran doce horas, un estómago suceptible a la melancolía y una vista despejada, rodeada toda por cerros. Buen día. Es como si uno se comiera al desierto y cargara con él en el pecho, y lo llevara a pasear: sin frescura, sólo el calor y las serpientes. No recuerdo haber visto al Nevado tan nevado. Estos han sido día fríos; parece que han querido deshacer la confianza en la mariposas. No te gustan los mosquitos, pero tampoco las arañas, pero tampoco matar… Hay que decidirse. La vida no es tan fácil. No todo es esconderse. Uno de esos amores por los que das la vida, pero por los que no puedes sacrificar tu comodidad… Por alguna razón —de la que no me puedo dar cuenta cabalmente— ya no creo en el bien ni en el mal. Nadie sabe lo que se pierde hasta que lo ve tenido. «Yo quiero que te besen otros labios para que me compares hoy como siempre» Posesión escurridiza. Pasa por mis manos sucias y gastadas, se aleja sin contemplaciones. Lo que no se entiende es el capricho y el hambre. «No me pude morir… y enfermé» Muy malamente fue destrozado. El primer ingénuo creyó que le bastaba su fuerza para arrancarle el brazo, muy tarde para buscar a su caballo. Un error fácil —¡Error fácil!— que [casi] cualquiera pudo cometer sin mayor consecuencia. Una muerte pequeña de todo lo importante: Fácil. Todos los que miraban parecían, por un momento, consternados; más tarde, pasada la primera estupefacción, vivieron con él, sin entenderlo. Ni hablar, el mundo es mundo. Lo cual no obsta en el idilio auto‐lisonjero que vuelve cada vez que la maldad se regocija. Desprecio, poca cosa. ¡Puta desgracia! ¡Maldita suerte! Infamia divina, inasible desprecio; abandonas mi existencia, dios que nunca me miras «…porque hay desventurados que, por migajas, besan la bota sucia que los ultraja» «También la ira me dijo “¡mata!”, también la ingrata me abandonó» El mundo, receloso de sí, se entrega diáfano tras una pocas súplicas, sufrimientos, torturas, y muertes del alma: lástima que es inefable. La persecución de lo bueno más allá de lo presente: eso es el trabajo: eso es lo humano. «El dinero no es la vida, es tan sólo vanidad» Cocinamos y comemos, pero yo no sé por qué siempre el olor queda. Después de la muerte y de la digestión, olemos a nosotros todavía. Perdido, para siempre solo «desde que te fuiste no es visto flores, ni los pájaros cantan, ni el agua corre» Y el tiempo sigue pasando ¿Por qué no me muero ya? ¿Por qué sigo caminando, sólo para cansarme? | Y el tiempo sigue pasando, rápido ¡Alto! Por un día fuiste feliz. Recuerda que ese día te lo dijeron y tú respondiste que la vida era igual. Y ayer la viste despedazada ¡Recuerda! En la antigua tierra de los candelabros y las noches arboladas. Por más que se escondan y que se traguen a sí mismos ellos saben que son insignificantes, detestables acaso… y por eso hay que temerlos. Mendacidad de indigna gente que poco es y en mucho pretende superar a los otros. De risa y de trajedia. De muerte, debiera ser: que aprendan