micros
El olor de la sangre, su tintura. El rito —de ser un ser sangrado, un ser carnado—. La fuerza de un pecho abierto, de un alma huída de nos. El espíritu de los viejos tiempos lucha por insuflarse nuevamente en el cuerpo crecido, carcomido y extraño de la ciudad. Malas costumbres. Y todo se vuelve gris, por un solo momento la luz grisácea se adueña de todo y nos permite escoger el tono de lo visto… todo menos tus ojos. No perder la capacidad de espantarse de la estupidez humana, nunca permitir que se legitime… «Todo es mío bajo el sol: Qué me importa si te vas. Yo no me acostumbro a nada ni a nadie en el mundo, yo no sé extrañar.» A veces sólo la sombra se ve lo último de quien por sorpresa acaba la nuestra vida. No hay los ojos para anclar el alma, sólo la fría tierra Un día más que avanza y que no se detendrá ni por todas la súplicas que le hagamos. Hoy, día, marcharemos contigo, acompañándote hasta ya no Hoy como siempre, los que tienen más hablan más fuerte. Quieren aniquilar con su desprecio a los que, cuando gritan al unísono, ocupan todo. El día en el que conozca a uno decente, será en el que tenga una oportunidad de cambiar mi opinión de ellos. Hoy es tiempo en que arrecian los pasquines en su afán. Mejor me voy un rato al mundo donde hay sol, flores, peces… tacto, calor, suavidad. “Hola”, me dijo solamente. Pero algo más habló: sus ojos, sus manos, sus brazos ansiosos que han acumulado tantos años de callar “te quiero” Debí haberme llevado mi teléfono, por si me necesita, por si se despierta y extraña mi cuerpo, mi cara… para pedirle perdón. Hegel, que creía ser la encarnación misma de dios —su Dios— nunca fue favorecido por la divinidad. Y por eso fue que se murió de cólera. «…cuando ella es un modo de aparecer muy superior al de la realidad.» En el mundo éste de apariencias, el sentimiento de la verdad queda enterrado y cubierto por los discursos falsos que a todos animan la vida. pequeña y frágil, más redonda de lo que debería. te asomas y no miras más que los colores. asustada y descalza camina. miras y hueles: sabes Inventa frases de un romanticismo trágico y de una sexualidad metafísica que sólo se imagina, que no siente, que vive por sus anteojos rotos Abrió los ojos con miedo de la luz, que le permitiría encontrarse con la nitidez pútrida de lo que anoche sólo era sentir y reír y terminar. Despertar y mirar la luz; caminar y saber que eso que avanza en el espacio algún día morirá. «Vicios públicos, virtudes privadas» Inconscientes piedras que se alojan en la barriga, en el pecho… y que te clavan al piso donde sólo hay tiempo y lugar para correr. Ésa: mi cantina, hogar inefable de puertas abiertas; corazón gigante donde las apuestas de toda la vida llegan y reclaman su peso de sangre. De todas la pescas / que pescan pescados / no pesques, ¡amiga!, / mi pescado alado. Les preocupa mucho tener amigos (de los falsos), les preocupa también tener lectores (de los falsos), pues su escritura (falsa) no les basta Alguien les dijo —¡Y se lo creyeron!— que son capaces de calificar, de ponderar, de criticar lo que se haya muy por encima suyo | descansen Esta tierra, la que mis pies están pisando, es la única tierra que me pertenece. La otra, la de mi corazón, es irreductible a un humano vil. Alguien que no ha trabajado me aseguró que el sol no pesaba. Alguien sin muerte me dijo que atendiera al mundo, que quisiera. Sonreí. Una bala perdida que encuentra su pecho. Una bala encontrada que le perdió su vida. Y así quedó, viéndome, preguntándome si era cierto. ¿Sí? Con el atardecer caminan los hombres que vuelven a su casa hambrientos, cansados. Esperan la felicidad en un taco, en una caricia. Bienvenidos Maldad que se aparece en sueños: la de un hombre con el corazón petrificado por la presencia del cerrojo. La ausencia que quema es la llave.