micros
“Hola”, me dijo solamente. Pero algo más habló: sus ojos, sus manos, sus brazos ansiosos que han acumulado tantos años de callar “te quiero” Debí haberme llevado mi teléfono, por si me necesita, por si se despierta y extraña mi cuerpo, mi cara… para pedirle perdón. Hegel, que creía ser la encarnación misma de dios —su Dios— nunca fue favorecido por la divinidad. Y por eso fue que se murió de cólera. «…cuando ella es un modo de aparecer muy superior al de la realidad.» En el mundo éste de apariencias, el sentimiento de la verdad queda enterrado y cubierto por los discursos falsos que a todos animan la vida. pequeña y frágil, más redonda de lo que debería. te asomas y no miras más que los colores. asustada y descalza camina. miras y hueles: sabes Inventa frases de un romanticismo trágico y de una sexualidad metafísica que sólo se imagina, que no siente, que vive por sus anteojos rotos Abrió los ojos con miedo de la luz, que le permitiría encontrarse con la nitidez pútrida de lo que anoche sólo era sentir y reír y terminar. Despertar y mirar la luz; caminar y saber que eso que avanza en el espacio algún día morirá. «Vicios públicos, virtudes privadas» Inconscientes piedras que se alojan en la barriga, en el pecho… y que te clavan al piso donde sólo hay tiempo y lugar para correr. Ésa: mi cantina, hogar inefable de puertas abiertas; corazón gigante donde las apuestas de toda la vida llegan y reclaman su peso de sangre. De todas la pescas / que pescan pescados / no pesques, ¡amiga!, / mi pescado alado. Les preocupa mucho tener amigos (de los falsos), les preocupa también tener lectores (de los falsos), pues su escritura (falsa) no les basta Alguien les dijo —¡Y se lo creyeron!— que son capaces de calificar, de ponderar, de criticar lo que se haya muy por encima suyo | descansen Esta tierra, la que mis pies están pisando, es la única tierra que me pertenece. La otra, la de mi corazón, es irreductible a un humano vil. Alguien que no ha trabajado me aseguró que el sol no pesaba. Alguien sin muerte me dijo que atendiera al mundo, que quisiera. Sonreí. Una bala perdida que encuentra su pecho. Una bala encontrada que le perdió su vida. Y así quedó, viéndome, preguntándome si era cierto. ¿Sí? Con el atardecer caminan los hombres que vuelven a su casa hambrientos, cansados. Esperan la felicidad en un taco, en una caricia. Bienvenidos Maldad que se aparece en sueños: la de un hombre con el corazón petrificado por la presencia del cerrojo. La ausencia que quema es la llave. Me mirabas como sólo miras tú; decías dulcemente que me necesitabas. Desnuda, para mí; con tus manos en mis brazos, tus labios en mis ojos. Hoy me visitaste y me pediste que me fuera contigo: entre todo y entre todos, apareciste. Hiciste tu momento, ahí eras lo más importante. Tú En ese mismo rincón todavía te encuentras, y me ves, nos cubres de ti, nos dejas hablar mientras sólo ves… y sonríes: Hueles a ti —artificio— Ya no hay infinitud en mis ojos; ahora sólo veo los colores y las formas del mero presente. De las pesadas lápidas que hoy penden por ahí, sujetas de nada, viene el recuerdo de los vivos cuya memoria guardan para mal del presente. De las infinitas, una división de la humanidad importante: Los que saben que van a morir y los que sólo lo han oído como un rumor. ¿Cómo permití que lo último que tenga de ti sea tu perfume? — feliz fantasma que se alza de vez en vez (harto de ti) y se aleja sin remedio— Como todos, piensas en arrebatarme todo. No lo conseguirás: podrás quedarte con lo mío, pero sólo con lo que había perdido ya. Y a él, que le gustaba tanto la buena tipografía… Mi reino por un manatí.