La democracia vs. el tráfico

28 de agosto de 2013

Los viajes en automóvil representan el 20% del total en la ciudad de México, lo que es una cantidad importante, pero ni de cerca mayoritaria; aún así, todo lo que los merolicos televisivos y radiofónicos tienen para reportar es el cierre de la circulación en unas pocas (aunque muy importantes) avenidas y centenares (quizás miles) de automóviles, cada uno con sólo una persona dentro, detenidos… no digo que no sea importante la situación de estas personas, sino que ésta no se debe poner, jamás, sobre el derecho a la protesta, no en el México de hoy: No hay canales abiertos (oficiales o sociales) por los que transmitir el mensaje de rechazo, no hay maneras de oponerse “institucionalmente” o de obligar a los legisladores amafiados con descaro en el Pacto contra México a considerar a la oposición: Si lo decidió Peña‐Salinas y logró “convencer” a los presidentes de los partidos, ya está hecho: Tres personas —dos de las cuales están de adorno—, guiadas por intereses antipopulares, tienen poder absoluto sobre las instituciones y las personas en el país. El único, muy pequeño resquicio que queda para manifestarse y para tener una leve esperanza de influencia en las decisiones de los amos de México es la protesta firme y contundente; mientras, todo de lo que es capaz el priismo es de ofrecer “dialoguemos, pero cuando nos cansemos de verles la jeta aprobaremos todo como estaba previsto y no tienen de qué quejarse porque nos sentamos a verles las jetas”.

La protesta no es delito y la única forma en la que las autoridades deberían estar trabajando por que terminen es en la mesa de negociación. Pretender acabar con ellas sólo porque son protestas (y, por lo tanto, tienen que provocar una situación que los gobiernos consideren atendible de inmediato) es cerrar la única ventanilla (legal) de acción popular y darle vía libre a la oligarquía para que todo pase sin problema, sin escrúpulos, sin nada. Las protestas de la CNTE son el último reducto de la democracia en la república y eso vale más, mucho más, que el tráfico.

No hay en el mundo riqueza suficiente para alabar la grandeza de los que no ven la inmensa miseria y dolor que posiblita su concupiscencia.