El Tribunal Electoral y su (renovada) ignominia

31 de agosto de 2012

No hubo investigación, ni hubo debate; todo se decidió de manera unánime. Lo que se hizo fue ennumerar, uno por uno, los elementos que habían planteado el PRI y televisa, Monex, Scotiabank y Soriana; el tribunal se convirtió en vocería de los que quieren al PRI en la Presidencia. Todo recato y toda vergüenza fueron olvidados, así como todo deber, toda justicia y toda responsabilidad para con la patria: “Los principios constitucionales fueron observados. Las elecciones fueron limpias. La nulidad no procede.” Fue ésa la conclusión de los magistrados. La nota de resolución del juicio publicada en La Jornada (“Unánime rechazo del TEPJF a demanda de invalidar comicios”) es auto‐explicativa:

Durante casi cinco horas y media los magistrados reivindicaron haberse apegado al debido proceso, aunque parecieron más bien enjuiciar a la “coalición demandante” y desacreditar sus argumentos legales. Así, se votó el dictamen que consideró que no hubo compra y coacción del voto; que los medios de comunicación actuaron con imparcialidad; que las encuestas no fueron manipuladas para favorecer al candidato priista Enrique Peña Nieto, ni tampoco hubo campaña encubierta de Televisa y otros medios en favor del mexiquense.

De igual forma, a juicio de los magistrados, el Movimiento Progresista tampoco pudo acreditar que el priista rebasó los topes de gastos de campaña (porque es un tema que aún está por resolverse) ni que hubo financiamiento ilícito; rechazaron igualmente que hubiera injerencia de los gobiernos estatales de extracción priista. Sostuvieron que la coalición de izquierda no probó que los monederos de Banco Monex o las tarjetas Soriana fueran utilizadas para comprar el voto.

Luego, aparecen deslindadas las razones por las que el tribunal deshecha todos las denuncias de la coalición de izquierda (más detalladas en “Desechados uno a uno, los argumentos esgrimidos para invalidar la elección”): No aportó elementos suficientes. Es decir, los partidos de izquierda no ejercieron bien la función de ser Ministerio Público, olvidando que la ministración de la justicia es obligación de los ministros de la corte. Los magistrados no pueden ignorar su obligación de calificar la elección, independientemente de la presentación o no de queja por alguno de los partícipes de la elección: es facultad y obligación suya allegarse los elementos suficientes para determinar la manera en la que se dio el proceso electoral, los elementos que le permitan calificarla como válida o no, obligación a la que renunciaron para instruirse como una ventanilla de quejas de la elección presidencial: les falta un sello, le faltan sus iniciales junto a su firma, había que traer el documento en doble copia y no en copia simple… ésas son las razones por las que su demanda de justicia y de democracia no procede, aunque esté en nuestras manos garantizarla. Hicieron vergüenza de un poder Supremo de la República, que ellos representan. “Hay pruebas que no hacen prueba” se atrevió a decir Flavio Galván, presidente del tribunal.

Hoy, el luto. «La constitución ha muerto», hasta en el esfuerzo por simularla: Pasamos a la república de la simulación simulada: Los que quieran defender al gobierno, tendrán que hacer como que la simulación todavía es creída por alguien. El fallo del tribunal, las resoluciones del IFE son la inauguración. Ellos saben que sus argumentos no resisten el menor análisis jurídico ni moral, saben que tienen obligaciones a las que renunciaron con tal de poder decir lo que ahora dicen, saben que del cumplimiento de esas obligaciones dependen las bases mismas del sistema republicano… y en su mezquindad renuncian a ellas porque llegaron a esos puestos (en sí mismos un premio) por arreglos y compromisos. Sus panzas, sus mansiones, sus autos, sus viajes, sus prendas de vestir y sus accesorios son el costo del régimen de gobierno de ciento doce millones de seres humanos y de una tierra bella y rica. No hay ya más que decir: en el hedonismo y la egolatría de siete personas se ha ido la dignidad republicana de México.

Seis años de cuyos daños no podremos recuperarnos en décadas, como décadas costará, si alguna vez es posible, recuperarse de los seis años del impuesto que dentro de poco se va. Muchos sienten ya que no se puede estar peor, los que están por llegar lo saben y se preparan con manipulación y con represión. El PRI no sabe jugar como el PAN, ellos van en serio y por todo… y nadie habla, por ahora, de la fiesta que ayer hubo, seguramente, en televisa.

Se reduce cada vez más la cabida en la espiral —que no círculo— oligárquica del capitalismo de compadres que nos gobierna en cuerpo y en alma, al que en todo y por todo tenemos que pagar tributo. Vamos, pues a seguir haciéndolo, ¿cómo, por cuánto tiempo? Ya se verá, no hay mal que dure, digamos ahora, ciento cincuenta años.

Esta tierra, la que mis pies están pisando, es la única tierra que me pertenece. La otra, la de mi corazón, es irreductible a un humano vil.