El DF y sus racismos de banqueta

19 de octubre de 2013

“Pinches indios güevones, regrésense a su pueblo”, gritaron los tepiteños; y después repartieron madrazos. El racismo inveterado en la principal ciudad española‐criolla del país —tan arraigado en los propios destinatarios de él, que provoca el complejo de inferioridad del que hablaba Samuel Ramos (tan devotos ellos de televisa como su nodriza y de la arrogancia y el lucro como careta contra la vida marginal y la ignorancia etilizada que los corroe)— se manifiesta. Racismo chilango por doquier (en los comentarios, ver los que se refieren a que los tepiteños son tan indios como los otros, o a que son chilangos los prietos ignorantes y ojetes, porque los otros, los bien educados, la intelectualidad clasemediera informada, son “defeños”).

Y mientras, los unos y los otros se regodean de un centro histórico que cada vez más es un mall al aire libre, y una feria del libro sitiada que desconoce absolutamente el significado de la palabra “austeridad” o “popular” ¿Libros? Sólo para quien se los merece: Quien camine derechito y guste de los letreros de Gandhi para burlarse de los que no lean, quien sepa o por lo menos halla escuchado la palabra “post‐estructuralismo”.

Ah, qué pinche ciudad. Ah, qué pinche televisa. Ah, qué pinche Mancera… qué pinches contradicciones, que pinche disparidad de intereses de clase. No, Marx, en México no es tan sencillo: no lo es cuando hay razas además de clases, ni lo es cuando los vendedores de fayuca se piensan como empresarios y los empresarios se piensan como príncipes europeos, y cuando ambos se odian a sí mismos porque en el fondo saben que no son lo que quieren ser, ni lo serán aunque mueran y renazcan mil generaciones.

Es la condena de México: ser muchos países que se odian y están en guerra incesante, ser una feria donde no hay identidad o bien común, donde sólo hay de dos: agacharse y ser pisoteado, o agacharse y ser pisotedo, pero encima de alguien más.

(Fuente: jornada.unam.mx)

«Yo quiero que te besen otros labios para que me compares hoy como siempre»