A los intelectuales etéreos

8 de diciembre de 2013

Todo parece indicar que hoy se aprobará en primera instancia la privatización impúdica y sin restricción del petróleo nacional, que es la fuente del 40% del presupuesto público, y no hay visos de razón o fuerza capaz de detener su corrupta ambición, sus pactos de traición ni su visceral estupidez.

Quiero decirles a todos los que reciben una beca o un salario de cualquier institución gubernamental y que hoy sólo les preocupa la forma más cómoda de pasar su domingo, que lo hagan: Disfrútenlo, paséense, rían y vean a los miserables por la ventanilla de sus autos, sientan pena por su situación y satisfacción de tener la ventanilla arriba para no ser obligados a olerlos. Olvídense de la soberanía nacional (y odien más el concepto de nación), de la posibilidad de financiar subsidios para los más pobres o créditos de inversión productiva: piensen, como siempre lo han hecho los burócratas de la cultura y de las humanidades, en ustedes y en sus hobbys, y usen los espacios institucionales para tratar de convencer a los veinte escuchas de la sala de que su pasatiempo es importante de alguna manera, y para convencerse a sí mismos de su delirio narcisista de que la sociedad los necesita para ser plenamente —o algunamente, dirían los colonizados, que son los más— civilizada… Pero el tiempo llegará en que todo lo que está pasando alcance al único aspecto del mundo que realmente los interesa: ustedes mismos. Con certeza, sus percepciones se verán recortadas o desaparecerán, o serán limitadas o disminuirá el número de espacios a repartirse…

Y sí, el influyentismo y su retórica vacua podrán ayudar a algunos; después de todo, siempre ha existido esa casta de pretenciosos cuyo único interés es leer libros extranjeros y mirar despectivamente a los mugrosos y a los ignorantes, y lamentar en sus tertulias la desventura de que México no sea París o incluso —hay quien sólo sabe hablar español— Barcelona. Pero no habrá espacio en esa nueva casta para todos los que están, ni para sus hijos, esposos, sobrinos… incluso, muy probablemente su lugar no será ya la Universidad Nacional, a menos que la logren convertir en el reducto de elitistas reaccionarios que fue con Gómez Morín.

En fin, que el día en que algo de esto los alcance, recuerden al día de hoy: recuerden cómo pasearon y disfrutaron esta fría tarde otoñal y vivan con este recuerdo, aférrense a él como símbolo de un tiempo ya para entonces ido: quéjense entonces, organícense entonces, defiendan al medieval “gremio” entonces. Pero hoy no, hoy dejen pasar el último y máximo atraco a la nación, observen pasivamente cómo se vierte la última palada de tierra sobre lo que fue la multívoca Revolución Mexicana y su sistema social y educativo, estén en la terraza de su café o bar favorito hablando mal de los métodos físicos de lucha o acordándose de la vida de Mandela y traten de familiarizarse con el logotipo de Texaco para que en el futuro identifiquen rápidamente donde rellenar la gasolina de su templo ambulante automotriz antimugrosos.

Hoy te extraño mucho, mi bonita, aunque de una manera muy curiosa… estando, solamente estando y sintiendo tu falta.