Bitácora

Si partimos de la revelación primera del prójimo como mirada, hemos de reconocer que experimentamos nuestro incaptable ser-para-otro en la forma de una posesión. Soy poseído por el prójimo; la mirada ajena modela a mi cuerpo en su desnudez, lo hace nacer, lo esculpe, lo produce como es, lo ve como nunca jamás lo veré yo. El prójimo guarda un secreteo: el secreto de lo que soy. Me hace ser y, por eso mismo, me posee, y esta posesión no es nada más que la concienca de poseerme.

Jean‐Paul Sartre. El ser y la nada. 3, III. Buenos Aires: Losada, 1998; p. 455.
Al crepúsculo dominical (solecito anaranjado): Y sin embargo, bajo el cielo que presides continúa el aparecer de rostros que rigen mi tiempo