3.4

El narcisismo es la condición existencial que afirma conscientemente la tendencia egoísta hacia lo otro como la suya. Es un ensimismamiento en la consideración del acto, sin que lo que —ni vital ni existencialmente— signifique para otro mi proceder cobre relevancia como motivo de la realización del Yo. Es la atención casi exclusiva a lo de Mí y una consideración subjetiva tan sólo de mi entidad: Es tener un ánimo hambriento aún sin la presencia del hambre.

El narcisismo no implica el desconocimiento de lo que al otro pueda pasarle [el que no haya una consideración del otro]: este conocimiento puede llegar por el entendimiento que indica que, análogamente a lo que pasa con toda la especie, el otro que recibe la consecuencia de mi acto lo padecerá de determinada manera. Pero este conocimiento no apela a la sapiencia [no invoca la restitución de lo que yo he vivido por lo mismo], sino que se conoce por lo que se entiende que sucederá, por una proyección insignificante para la motivación, y que sólo cobra relevancia por lo que, objetivamente, podría seguirse de ello.

No se trata, entonces, de que lo que el otro padezca escape a las consecuencia de lo que tomo en cuenta para mi actuar, sino de que esa consideración es insignificante, porque lo que yo {corporalmente} es que el otro no es igual a Mí. Es decir, que yo puedo entender que la otra persona se entristecerá, se enojará, sufrirá, se alegrará, se agradecerá, gozará, etcétera, pero aún con eso yo no sabré que eso le pasa, porque sapientemente yo no he identificado mis condiciones existenciales con las suyas. Yo puedo declarar, estando convencido de ello, que somos de la misma especie, que padecemos igual, que el dolor es el mismo y, sin embargo, ser indolente ante su situación ni aunque placentera ni aunque dolorosa. Esta indolencia quiere decir que lo que le sucede, a pesar de que noto que es así, no lo re-vivo en lo que Soy [no me imagino siendo como y en donde es él], sino que sólo lo tomo en cuenta para lo que pasará perceptiva-objetivamente en el mundo (en este mundo mío), no en lo de sí. Cuando un narcisista frena una motivación suya por la consideración de lo que suceda con otro, no lo hará por que considere lo que le pasa {en la sujeción de su existencia}, sino lo que pasa en el mundo a partir de lo que viva.

Esto implica que cada concepción de lo que extensivamente me toca [que cada apelación al Yo-ente] es tomada sólo en función de lo Mío, y sin contar lo que a los demás les pase. Esto es así porque lo que el Yo narcisista sabe es que el otro y el Yo no son iguales; aunque, como ya se dijo, lo acepte inteligentemente [en el entendimiento]. Es decir, que a pesar de que esté enterado que el otro siente igual o siente lo mismo que Yo, no hay una sapiencia de ello; no se reconoce en lo de los otros, sino que los ve a ellos sólo como agentes en el mundo sin la que tema por su sufrimiento ni espere su goce. No hay empatía ni esfuerzo por conseguirla porque lo que el narcisista sabe {en lo de sí} (y en eso consiste su narcisismo) es que no hay posibilidad de nivelar lo que intrínsecamente se distingue.

Los sentimientos del otro son, así, considerados objetivamente [en tanto que objeción a mi entidad] y no subjetivamente [en tanto sujeción de la existencia]. Lo cual no quiere decir que se crea que lo que al otro le pasa es sólo el movimiento facial, el opacamiento de sus ojos o el lamento que sale de su boca, no: se conoce que está sufriendo, que siente lo que Yo he sentido —si lo he sentido— cuando estoy en su condición, e incluso por lo mismo se puede proyectar la reacción que tenga ante mi acción, pero todo esto permanece considerado en su significación desde mí, jamás se repara en lo que entitativamente significa ese sufrimiento desde el otro; esto es, el dolor del otro no significa dolor para mí, sino significa que el otro está dolido; el conocimiento de que el otro está sujeto por el dolor o el sufrimiento no se empata con el sentimiento Mío de dolor y de sufrimiento. La empatía es la capacidad de identificar el estado del otro con el estado Mío y, así, sujetarme por lo que le sujeta, es decir considerarlo propiamente dicho.

El narcisista no es empático, no sabe de la igualdad entre el sufrimiento del otro y el propio porque no lo ha vivido: Nunca le ha sucedido que el dolor ajeno le duela a él (como nunca le sucederá) pero, a más de eso, se ha vuelto insensible —por así haberlo aprendido-incorporado— a la instintiva compasión que responde al lamento (la manifestación objetiva del sufrimiento) ajeno con el sufrimiento propio, a ese sentimiento de desgarramiento que sobreviene cuando se escucha un grito de horror, o de miedo, a la tendencia a auxiliar a quien ofrece una aspecto de ternura o de indefensión. No sólo es, pues, que se haya dejado arrastrar por la brutalidad de la separación entitativa, sino que además ha desdeñado la innata facultad compasiva {de la cual es la simpatía su extensión consciente} y se ha encontrado como alguien distinto.

La distinción que el narcisista sabe es la de la modalidad de la existencia: lo otro existe como objeción y lo Mío como sujeción. El encuentro con la manifestación de lo otro es siempre extensiva (táctil, visual, acústica, olfativa, gustativa) y, en tanto tal, su objeción no suele ser dolorosa o placentera (a menos que se le objete con un grave peso ontológico, sobre todo táctilmente). Sin embargo, la sensitividad intensivamente dada es casi con exclusividad sensación dolorosa o placentera, los sentimientos son casi sólo juzgados —muy poco categorizados—, con lo cual se establece una diferencia clara para la motivación que no supera —con la consideración empática— esta distinción intuitiva fundamental.

Esta distinción implica que lo otro en general —e incluso el otro— se considera solamente en el entendimiento de cómo existe y en las relaciones mundanas que establece con otras cosas —también existentes— y con Migo —ente–. Esto es, lo considero solamente en cuanto cosa agente en el mundo y sólo tomo en cuenta la manera en la que pueda modificar el mundo en el que vivo, lo único que verdaderamente significa algo es mi manifestación subjetiva en tanto que se realiza o se puede realizar en el mundo en el que vivo (y que, por lo tanto, me afecta).

El narcisista desconoce la sujeción del otro y, así, desconoce la igualdad ontológica que los identifica. Se sabe distinto y esa distinción es la que lo hace actuar en la consideración de los otros como cosas.