1.5

Advertencia: no debía de haber falta en omitir lo que sigue, pero la hay, y es preciso que se diga que lo que contiene este capítulo es la fundación, el nacimiento y la estructura básica de la actividad cognitiva del ente humano. No se debe pensar que este texto —ni que otro ninguno— pueda exponer, tal cual se da, el proceso por el que, en cada momento, hay un mundo que existe y existimos nosotros en él. Todo lo que se diga al respecto, ha de entenderse como una forma general que ocurre simultánea, múltiplemente cada vez, cada instante, cada momento, y que la participación del pensamiento-especulación la vuelve mucho más compleja, mucho más rica y mucho más equívoca en su función. Todo lo que se diga en adelante, comparado con el modo en el que realmente se dan las cosas, es como una pintura cubista frente a la riqueza que se exhibe en una realista: Lo más que hay se pierde, empero, se conserva lo suficiente como para seguir expresando la situación, y que se siga comprendiendo lo que sucede, aunque hay mucho menos que ver. Abordar algo de esta manera no exenta riesgos, y últimamente se ha dejado este terreno en manos casi exclusivas de quienes se dedican al análisis del conocimiento científico o —en la misma perspectiva cientificista— de los que hacen una tal “filosofía de la mente”, dejando de lado que, mucho más allá de eso, el conocimiento es una determinación ontológica de la humanidad, y todavía más allá, es la manera en que la existencia se da. ¿En qué sentido debe entenderse esto? ¿Cómo y por qué el conocimiento funda el mundo? ¿Cuál es el estado de lo que Soy respecto de lo que es para que se dé el conocer?

Sólo un apunte más: no se hablará del conocimiento científico, ni de sus campos demarcativos o determinantes porque lo que se persigue no es brindar un fundamento del quehacer investigativo, sino determinar la situación existencial humana ante el mundo, ante lo que le apela, le toca y le motiva; se trata de investigar cómo estamos ante La Realidad, de la que Somos y no somos parte.