1.25

La interacción que se da en la introspección y que sirve para hacer manifiesto lo que somos en la sujeción existencial sucede por medio de la responsabilidad [responsividad] de lo que Soy ante lo que me apela. La responsabilidad primera es la concepción de lo sensitivo; se trata de la respuesta que se da desde el ente que Soy [desde el cuerpo que Soy] ante lo que me pasa: es esa la manifestación de lo que Soy ante lo que es; pero lo que es sólo puede considerarse ante lo que Soy por medio de la translocación que permite la sensitividad (cuyo acto mismo es la existencia-consciencia). La responsabilidad, empero, no se agota ante la sensitividad, sino que el Yo es perennemente responsable de todo lo que le ocurre [lo que nota que le ocurre: lo que conoce]. La consciencia representa una perenne apelación a la entidad, que es perennemente responsiva. La actualidad del sentir [la actualidad de la existencia] implica necesariamente una respuesta entitativa. La consciencia es el acto de conocer del ente que Soy, y este acto es la translocación y la transpresentación de mi entidad; es traer a lo otro de mí conmigo. Pero este alcanzarlos en mí lo es para la mejor realización del ente que Soy, para mejor ser lo que Soy. La sensitividad extensiva [la percepción] procura encontrar lo que hace a mí de lo otro, mientras que la sensitividad intensiva [los sentimientos] procuran manifestar, de lo que Soy, lo que hace a lo otro; es decir, manifiestan lo entitativo que se relaciona con lo externo; esto es, manifiesta lo que hace al movimiento extensivo de mi entidad, lo que para realizarse ha menester de un ente ajeno, una realización que no puede darse autárquicamente: la consciencia es tal por la insuficiencia. Así, los sentimientos son manifestación de la motivación; es decir que son sensaciones que impelen a la realización de movimientos que satisfagan a mi {acto de} ser.

La responsabilidad perenne a la perenne apelación de la consciencia se ha visto un poco cuando se trató de “El conocimiento de lo que es” allí, como aquí, se trató de ésta en lo que se relaciona con el conocimiento; pero además de lo que ahí se dijo, caben aún algunos apuntes, relevantes para el tema que ahora se examina.

La apelación de lo sensitivo a mi Yo por medio del contacto (que concibe lo en la consciencia) lo es a un nivel bruto, a un nivel poco sofisticado. Hay una apelación que sucede de manera más sutil: la apelación de la reflexión. Es de este tipo la apelación a la que se alude en el caso de la consideración, del diálogo: es el poner ante Mí la experiencia especulativa de una posibilidad del mundo, no ya una sensitividad que, con su densidad ontológica, llama a lo que Soy muy fuertemente, sino que se trata de un mundo especulado [imaginado] el que se considera. Por supuesto que la necesidad de atención que implica el contacto franco con el ente ajeno [la sensitividad] es inminente, no así la de lo que se reflexa (y es por esto que las cuestiones de reflexión son las que menos interés despiertan en los más), pero el sentido de lo especulado puede significar algo mucho más complejo y con un sentido que ponga ante lo mío lo que de mí puede ser.

La apelación de lo reflexivo al Yo provoca, entonces, una respuesta de lo que Soy; aunque no de una manera automática, sino que depende de qué tanta atención se le dé a lo que se especula. Esta respuesta puede ser resultado de una actitud expectante (con lo que se trataría de un razonamiento), pero puede también suceder que resulte de una situación más vital; es decir, que se enfrente la situación como si se estuviera en ella de hecho, como si se estuviera enfrentando existencialmente lo que sólo se enfrenta especulativamente1. La respuesta que se provocará en este segundo caso será de un tipo muy más motivacional, manifestando lo que para Mí significa el enfrentarse a eso que presenta imaginariamente. Es la respuesta de lo que Soy ante esta situación, no con la viveza que se pueda tener en el momento efectivo en el que se encuentre con ello, pero sí atendiendo a la situación, a la posibilidad y enfrentando, aunque con menos gravedad, ese mundo, esa situación que no es efectiva, pero que a pesar de eso puede manifestar toda la fuerza de su razonamiento por no haber la urgencia de actuar en consecuencia.

La apelación principal —la de lo sensitivo— y su respuesta es la fundamental, pero la que viene con la reflexión constituye un despertar de lo que así se manifiesta. Es el resultado de huir del fracaso que la sensitividad, sujeta al contacto, no permite superar; el resultado de concepciones mucho más constante, del lenguaje y del ingenio, de la necesidad de abarcar más tiempo y más espacio, de extender los alcances entitativos en los horizontes temporal y espacial, del más conocer para mejor hacer. Así pues, la concepción imaginativa también objeta a mi entidad, una apelación más sutil, más sofisticada. Es así posible la consideración y la introspección


  1. Por supuesto que estos dos tipos de actitudes ante lo especulado {la expectante-cognitiva y la vivencial} no se excluyen, más bien están siempre presentes, aunque alguna tenderá a tener una atención mayor.