1.19

Con el pensamiento se abre una tercera cualidad ontológica, que se encuentra inscrita en la existencia-consciencia: la especulación. La existencia difiere de la entidad en que la primera es conocimiento, re-presentación, mientras que la última es acto, presencia eterna. La especulación, de su lado, difiere de la existencia también {como la existencia lo hace de la entidad} en la fuerza de la presencia de lo que se conoce: mientras en la existencia se da la re-presentación de lo presente en la realidad, en la especulación se da la representación de lo que se representa en la actualidad sensitiva ya-concebida; pero esta re-representación no tiene una necesidad que nazca de la sensitividad, sino de la invocación asociativa de lo que se conoce [de lo en la existencia]. No se quiere decir que la especulación no pertenezca a la existencia, como tampoco la existencia deja de arraigarse en la realidad, sino que hay una diferenciación cualitativa entre lo que se representa de lo real a partir de lo sensitivo y entre lo que se representa de lo conocido a partir de su restitución sin sensación directa (aunque la diferencia cualitativa entre especulación y existencia no es tanta cuanta la hay entre existencia y realidad). Para distinguirla, cuando se hable de la representación en la existencia se usará “representación sensitiva”, mientras que cuando se hable de la representación en la especulación se usará “representación imaginativa”.

La representación imaginativa es, básicamente, lo mismo que las eyecciones conceptivas [que las eyecciones inherentes a la concepción de la sensitividad actual], pero con una invocación independiente de la actualidad sensitiva de lo concebido. Las eyecciones conceptivas son concomitantes a la sensación que las invoca, con la que nacen a la consciencia; están amarradas a la representación sensitiva de los entes de la realidad1. Pero la especulación representa una detención sobre el objeto más allá de sus eyecciones efectivas inmediatas; la especulación es una preyección y una proyección que va más allá del instante en el que se manifestare {sensitivamente} lo que esté enfrente de mí. La especulación permite una consideración de lo en el mundo. Considerar algo es imaginarlo en su situación, sea ésta la actual o alguna posible [que no sea absurda ni nauseabunda]; pero la imaginación —que es especulación— no es simplemente una representación de lo que en el mundo hallo, sino que, así como la existencia es la sensitividad dotada de sentido por la concepción histórica y motivacional, la imaginación es una concepción del ingenio. La imaginación no se agota en re-representar un solo objeto, como para tenerlo en cuenta aún en ausencia de su objeción sensitiva, sino que también se conciben situaciones complejas, y se encuentra uno con lo que hay sin la efectividad apelante a lo que Soy; empero, las situaciones imaginadas también apelan a lo que Soy, también merecen una respuesta motivacional de mi entidad, si bien menos fuerte que ante el encuentro con la situación existencial, sensitivamente viva.

La concepción de lo sensitivo ya era una superación de la mera actualidad sensorial abigarrada; con la especulación se llega a una {superación} todavía mayor, en la que se alcanza el objeto, no sólo en su re-presencia sensacional [en lo que ahora se manifiesta de lo otro que me enfrenta], sino en su potencia de ser, y tal alcance se da aunque no se le enfrente sensitivamente. Por la especulación se llega a tener la experiencia de lo que en la realidad podría pasar; es la manifestación de una situación trans-presenciada y trans-localizada aún más allá de lo que hay en la existencia de la representación sensible. Es el encuentro con un lugar y con un tiempo en el que un objeto específico [un existente en mi existencia | una cosa en el mundo] —yo incluido— está en una situación que lo determina de una manera inefectible, que lo coloca en un mundo posible, y encontrar lo que él es en esa posibilidad —que sensitivamente no se está dando—. Incluso se pueden alcanzar posibilidades que efectivamente [en la existencia efectiva] jamás se me darán, como cuando me imagino una situación subjetiva de la existencia de alguna otra persona o lo que sería este mundo si algo que no ocurrió lo hubiera hecho, etcétera.

La imaginación es una emulación de lo existente [de lo mundano] en sus posibilidades, no es solamente una figuración en la que se den situaciones cualesquiera, sino que lo que se imagine tiene que acotarse a la posibilidad ontológica; es decir: lo que en la imaginación se dé, está igualmente restringido ontológicamente en su posibilidad, tanto cuanto lo existente o lo entitativo mismo. El absurdo imaginativo [especulativo] es lo que ha demarcado el alcance del conocimiento; la náusea provocada por una consideración especulativa es la que ha determinado hasta dónde alcanza la realidad ha manifestarse: ha determinado los principios epistémicos, que son, por lo mismo, ontológicos. Lo que es, es; lo que no es, no es2. Pero es un error identificar lo verdadero con lo entitativo; la verdad y la falsedad existen, y aunque la existencia tiene su arraigo en la realidad, no sucede que la facticidad dependa de la verdad, sino al contrario (y aun esto en medida limitada). Este axioma nos permite ver que no hay una disociación de órdenes: el pensamiento y la palabra siguen siendo, la falsedad y la verdad son —y no relativa, sino absolutamente—: la falsedad es fracaso; la verdad, éxito. La imaginación no responde a un principio radicalmente distinto de lo que es ni de lo que existe; la principal diferencia entre éstos [entre la entidad, la existencia y la especulación] es su relación con la actualidad [con la facticidad]: la entidad se identifica con ella; en tanto que la existencia la trasciende por medio de la concepción sensitiva, pero en éste su trascender la pierde como realidad actual; de su lado, la especulación trasciende la existencia por medio de la concepción imaginativa, pero en éste su trascender la pierde como sensitividad efectiva. El hecho de que la especulación no se desentienda del dominio de lo ente, la impele a manifestar, tan bien como lo entitativo o lo existente, los principios ontológicos3.

Hay, pues una degradación ontológica, pero no una destrucción de su orden; aunque el ligamento es más endeble, la especulación sigue siendo, no se retira del dominio de lo ente: lo que no es, no es, y las especulaciones son, aunque sin consecuencia fáctica mayor en la realidad. Lo que uno se imagina, entonces, no está desarraigado de lo que es real, sino que es una dimensión ontológica distinta, en donde la facticidad de lo ente se ve trascendida por la potencia de lo existente; es decir, que no se trata de lo que es de hecho, actualmente, sino de lo que es posible4. La imaginación —concebida por el ingenio— consiste en una emulación del mundo, de la existencia [consiste en especular [en reflexar] lo sensitivo, lo consciente]. La consideración de lo en el mundo es el eyectarlo en sus posibilidades, es ponerlo en el espejo imaginativo en donde se comportará según las circunstancias en las que se modifique su estancia.

Se pretende que, mientras que lo que se considera que las cosas son se mantenga, lo que cambie sea cómo están las cosas. Esta modificación de la estancia es la que debe provocar las eyecciones de lo que se coloca en este espejo, pero esto no surge de la presencia sola de la entidad de lo especulado —que, por otro lado, siempre permanece ajena—, ni de la apelación mundana de lo existente, sino que tiene que venir del concepto que de esa entidad se tiene in-corporado a lo que Soy. Esta concepción especular [esta emulación] nace del ingenio mismo del que nacen las eyecciones conceptivas de la sensitividad y, por lo tanto, se basa igualmente en la historia instituida y en el instinto, en lo que de lo ajeno se ha podido incorporar o aprender, en lo que de la existencia y de lo existente se sabe o se entiende. El movimiento ingenioso de lo especulativo no puede basarse en la necesidad entitativa de lo especulado [en las condiciones desde sí de lo que aparece en el especulación] porque esta entidad {de lo especulado} le es ajena por constitución. La concepción imaginativa, a diferencia de la sensitiva, no tiene un contacto franco con lo ajeno a sí para representarlo, sino que se tiene que fundar totalmente en lo que se ha ido conociendo, en lo que se ha quedado con nosotros de lo que no somos nosotros. La carencia —por lo menos de manera inmediata— del movimiento verificativo de lo que se eyecta de aquello que se considera especulativamente provoca que la correspondencia efectiva de lo que se imagina tenga una incertidumbre con consecuencias graves para el desarrollo de la existencia, que se estudiarán mejor en la sección sobre “La incertidumbre proyectiva” (cfr. pág. 315).

En la dimensión especulativa, la representación imaginativa trasciende el dominio de la facticidad, de lo actual-sensitivo que se manifiesta en lo que se enfrenta o se encuentra. Se trata de re-representar imaginativamente lo que en la mera existencia sólo se representa por la sensitividad actual, y que por lo tanto depende de la manifestación sensible de lo ente. En la especulación no hay disociación con lo que es sino que, en su menor cualidad entitativa, se puede desligar más de lo actual, pero a costo de que su aparecer tenga, por esta misma cualidad, muy poca incidencia en lo real [muy poca pesantez ontológica]. Lo especulado [lo imaginado | lo pensado] no tiene, en la realidad, ninguna consecuencia más allá de su aparecer en la consciencia. Lo que se representa imaginativamente no llega a la realidad, aunque se refiera a entes concretos y específicos que tienen una correspondencia exacta con lo que es manifestado al mundo, con lo que en la existencia se representa de forma concreta. En la especulación acaece un mundo que no está atado a la actualidad sensitiva, ni mucho menos al eterno presente de lo ente, pero sigue estando arraigado en la existencia, y ésta a lo entitativo; no es una anarquía que subsista por sí misma, ni se da en una realidad distinta de la entitativa fundamental, sino que, aunque más débil e indirectamente, sigue siendo fundada por la entidad, por la actualidad, por la realidad en la que todo es.

La emulación del mundo que se da en la especulación no tiene, pues, una incidencia de hecho en lo real, pero sí permite al ente que Soy encontrarse en un mundo en el que tal o cual situación se le manifiesten sin necesidad de que esto se dé efectivamente. La excepcionalidad maravillosa de la especulación no consiste en lo que en la realidad sucede con esto [en su darse en la entidad en la que se da —que es la mía—] sino precisamente en prescindir de la actualidad de lo que se considera para tener noticia de su posibilidad; y es que la representación especulativa apela —si bien con menos intensidad— a lo que Soy así como lo hace cualquier otra ocurrencia de la consciencia [cualquier sensitividad].

La especulación de un objeto, de un sujeto o de una situación es ponerla ante el ente que Soy de forma especular, tenerla ante lo Mío sin necesidad de que lo ajeno a Mí devenga tal que lo permita. En la dimensión emulativa del mundo (que es la especulación) los entes se le representan a la consciencia —que perennemente provoca a mi entidad— en su posible actuación, es decir, en un momento de su existencia que esté determinado por las circunstancias que precisamente se emulen en la consideración en cuestión. Es la representación imaginativa (a partir del ingenio) la que concibe estas circunstancias y la modificación existencial que le correspondería en el mundo posible en el que se le encuentra. Y esto es ir muy más allá de la actualidad, es alcanzar al ente más allá de su aparición sensitiva, es llevarlo a la situación pretendida sin que de hecho esté en ella, es conocerlo en su modificación sin modificarlo en la realidad, sino que esta modificación [este modo de existencia nuevo] es determinado por la consideración especular en la que se contempla un mundo no-efectivo, una dimensión mundana en la que se experimenta lo que podría ser, sin el trabajo ni la espera por que suceda efectivamente. La consideración de un objeto permite conocerlo en su ser potencial pasado, futuro o presente, que está vedado a la concepción existente-sensible (que sólo puede darse a partir de lo sensitivo).

Como se dijo supra, la concepción de lo imaginable está también limitada por lo instituido-instinto en [por las instancias de] lo que Soy. Si bien el ingenio es un instinto que busca las eyecciones de lo que se encuentra conmigo, esto lo hace a partir de lo que previamente está instituido (conocido o sabido) y de lo ya-instinto; no puede concebir una situación que carezca de toda vinculación con la historia o con la motivación de lo que se es. La concepción de lo sensitivo se da también en lo imaginativo, aunque determinando no ya a la sensitividad actual, sino a lo que se rememora, a lo que aparece de ello en el momento en el que se vive lo ahora, y que se da ya como recuerdo y no como simple sentimiento concomitante a la respuesta de la motivación de lo que Soy ante la apelación de lo objetante y de lo especulado. Las representaciones especulativas justamente emulan lo que en el mundo sucede y que se tiene presente en lo que Soy por la historia {incorporada-aprendida} del Yo —que es cuerpo—. En lo que es concebido por el ingenio influye definitivamente lo que se haya vivido, lo que he sido y lo que tengo de Mí. Es en el mismo acto de la concepción imaginativa en el que lo instituido-instinto se manifiesta en la determinación de la posibilidad de las cosas especuladas y de sus circunstancias y comportamientos. Pero esto no quiere decir que no se pueda imaginar nada que no haya sucedido previamente: no se trata de imitar los hechos sucedidos, sino de emular los comportamientos del mundo en su posibilidad (no en su facticidad). Esto es, que lo que en la especulación aparece, es una réplica de la realidad, de lo que en el mundo que es posible, y remite a aquello con lo que mi cuerpo [mi entidad] puede conciliarse, con lo que el hecho de mi existencia supone en la determinación de las rationes del mundo y de las personas, con las bases sobre las cuales guío mi interacción con ello, con lo inorgánico, lo natural, lo humano, con lo que yo que mueve todo ello.

Hace falta precisar que la especulación es una degradación ontológica respecto de la realidad, no una copia, ni una imitación; el hecho de que respete los principios ontológicos (aquí también epistémicos, pues son los mismos) se explica porque no se disocian, sino que responden al orden ontológico mismo. La in-conciliación de la contradicción en lo especulado sigue manifestando a la realidad, pues {la especulación} —aunque arrancada del fundamento del acto— sigue estableciendo una actualidad imaginaria, en la que tampoco se concilia la contradicción de lo que se re-presenta: la re-presentación imaginativa pierde el arraigo con lo fáctico entitativo, pero no su necesidad presencial5. El que la característica genética de la especulación sea la emulación se explica porque su nacimiento proviene únicamente de lo instinto-instituido en Mí [de la asimilación de lo que Soy a lo que me pasa y de la configuración ontológica —ergo, innata— de mi entidad]. Lo que Soy ha encontrado en la emulación del mundo un receptáculo de su pasar, de su hacerme (de lo que me hace en ambas acepciones: lo que hace hacia Mí, y lo que hace de Mí); ha puesto en esta dimensión una manifestación de lo suyo que mejor ilustra su deseo, su repulsión, su esperanza y su temor… y que mejor le permite conocer lo de lo ajeno, pero también lo de sí.

La consideración es la representación imaginativa de una situación existencial —así de lo objetivo como de lo subjetivo— con veracidad; para descubrir cómo serían los objetos y las sujeciones si tal fuera el mundo, lo que es también un indicio de cómo actuarían los entes y las existencias si tal fuera la realidad. Las posibilidades se ven acotadas por los recuerdos y los concimientos-sapiencias que tengo de lo que se involucra en lo que es considerado en la situación especulativa. La exclusión de la contradicción en la consideración hace que lo que en la imaginación se da, se asemeje más y más al mundo allende Mí, porque las representaciones que vienen de la historia de la vivencia del mundo acotan a las eyecciones imaginativas y excluyen las que las contrarían, dejando lugar solamente a las que se concilian con lo que es posible con apego a la historia, y no ya sólo a lo absolutamente posible (que es todo, menos lo absurdo). Las suposiciones que se dan en la especulación (del mismo corte que las que se dan en la concepción sensitiva, pero de mayor trascendencia) se basan, entonces, en la historia y en la apelación a lo que Soy de las representaciones sensitivas; aunque la verificación o la falsación de estos supuestos no es, como en las eyecciones conceptivo-sensitivas inmediata en la efectividad de lo existente. Las representaciones imaginativas son también concebidas —porque también apelan al Yo— como las sensitivas, aunque más débilmente.

La dimensión ontológica especulativa es comprendida [está incluida] en la existencia, y la existencia es comprendida [está incluida] en la realidad. Empero, la gran distinción cualitativa está en la frontera entre realidad y mundo, pues es ahí en donde se trueca la modalidad ontológica fundamental: el conocimiento [la sensibilidad | la consciencia | la existencia] implica un para-mí como fundamento, una vocación a una entidad particular: la mía siempre. La actualidad existencial siempre se da en y para el ente sensitivo, como vínculo con lo allende o con lo aquende su entidad, para manifestar el motivo de su movimiento extensivo; de otra forma —intensivamente—, el movimiento simplemente se da, sin que aquél {el motivo} se necesite como mediación. Pero la dimensión especulativa, a pesar de diferir de la existencial, pertenece a ella de un modo más cercano del que a la realidad pertenece la existencia, pues no se rompe esta referencialidad [este para-mí] de lo existente, sino que sigue apelando y provocando a la entidad en la que se da. La especulación sigue teniendo en sí el principio de la sensibilidad, si bien no es una sensibilidad actual, sino que es una imaginaria, especulada a partir de lo que se me queda de la primera.


  1. Como una presunción sin más fundamento que el razonamiento que me propicia su comportamiento, los animales —con todas sus variantes en capacidad y grados— no rebasarían este estadio de la existencia: sí concebirían un mundo, pero no lo especularían.

  2. «Pues bien, yo te diré (y tú, tras oír mi relato, llévatelo contigo) las únicas vías de investigación pensables. La una, que es y que le es imposible no ser, es el camino de la persuasión (porque acompaña a la Verdad); la otra, que no es y que le es necesario no ser, ésta, te lo aseguro, es una vía totalmente indiscernible; pues no podrás conocer lo no ente (es imposible) ni expresarlo.» — Parménides, DK 2. En efecto, todo lo pensable es y lo que no es no puede pensarse (si es ya pensado, ya es). Pero la distinción que aquí {en este trabajo} se hace entre ser, existir y especular permite hablar de falsedad. Todo lo conocido —aun lo falso— se arraiga en la entidad, es, aunque en una dimensión muy más sutil que la entidad actual. Lo que se especula, aunque no sea efectivamente ocurrente, se arraiga en la existencia (que se arraiga en la entidad); especular es ya un modo de mi entidad. Lo que no es, no puede ser pensado, pero la falsedad y la experiencia que falsea lo que se suponía, ambas son y deben ser al mismo tiempo para que se pueda dar cuenta del error. De tal manera que cabe decir que todo lo que se piensa es, pero no que todo lo que se piensa es verdadero; por otro lado, si bien todo pensamiento se da en el seno de lo que es, no todo lo que es se da en el seno del pensamiento.

  3. Mientras que en la realidad entitativa no hay posibilidad, sino que todo es en acto, y lo es por necesidad entitativa, y mientras que en la representación sensitiva lo posible [lo que es susceptible de verificación y de falsación] se limita a la efectividad inmediata de lo sensitivo presente, en la especulación la posibilidad se ensancha y manifiesta todo lo que no sea absurdo o imposible en grado sumo (o esto es así, por lo menos, hasta donde la consciencia es capaz de concebir).

    Así, en cada nivel se van manifestando principios ontológicos cada vez más laxos, pero los límites que ya no podemos pasar son los de la imaginación que, por ser los más básicos, son también los más principales.

  4. La inexistencia de la gravedad, por ejemplo, no es algo imposible, sino algo falso; imposible es que la misma cosa sea y no sea al mismo tiempo y en el mismo sentido, que la suma de dos y dos sea distinta de cuatro, etcétera; no se puede imaginar un absurdo, intentarlo solamente provoca la repulsión de mi entidad.

  5. Los objetos y situaciones que se especulan no tienen que estar fácticamente presentes ante lo que Soy para que se pueda especular; pero la especulación como tal es un acto ahora, presente cada vez que se ejerce (se puede especular el futuro o el pasado, pero no se puede especular en el pasado o en el futuro).