0.5

En la primera parte (sobre “La soledad”) se expone qué es la soledad como determinación entitativa y cuál es la manera en la que, a pesar de ésta, es posible que se halle el humano en un mundo en el que se enfrenta con otros entes y de cómo es posible que, a partir de aquí, ocurra la interacción, no sólo con lo ajeno de sí, sino con lo que él mismo es. También se hablará de la manera en la que esta soledad me determina a la actuación y de cuál es el fundamento a partir del que me muevo y de la manera en la que el ensimismamiento me llama a la realización (egoísta, desconsiderada).

En la segunda parte (sobre “La convivencia”) se explica la manera en la que se da la interacción en un plano vivencial con lo ajeno a mi entidad, con lo que permanece para siempre allende lo que soy, de la posibilidad de establecer un cierto vínculo de comunidad con ello y, más lejos aún, de la posibilidad de ir en pos de su bienestar y de su sola estancia sin interés físico-práctico en ello, queriendo que goce sin que luego para mí se consiga nada fuera del goce ajeno mismo.

En la tercera parte (“Del estar vivo”) se trata de las condiciones bajo las cuales se determina la actuación, de la manera en la que lo del mundo y su felicidad se juega en lo que soy y de la posibilidad de efectivamente realizar la pretensión perpetua por conseguir la mejoría. Se trata también del gran fracaso que esto representa, lo que —negando el sentido de la actuación— niega el sentido de vivir y de las maneras en las que se puede responder al encuentro con este sinsentido.