Muchas reuniones a puerta cerrada con los dueños del capital, mucho Alfonso Romo haciéndola de vice‐presidente; mucha armonía con beneficiarios directos del saqueo neoliberal. Pero pocas plazas públicas, pocos planes de reparación social, poca agenda legislativa.

Claro que es necesaria la armonía y cooperación de los de arriba, claro que es imprescindible evitar una crisis y un secuestro económico à la venezolana… muchas cosas están claras; pero la incertidumbre permanece en cuanto a qué tantas concesiones y de qué clase tendrán los beneficiarios de siempre.

El gobierno próximo no se puede centrar en destinar el erario a la asistencia social en vez de a delirios palaciegos, ni a depender de la buena fe (revocable en cualquier momento) que lleguen mostrar los de arriba: tiene que promover cambios estructurales en cuanto a la legalidad imperante, las costumbres gubernamentales y el modelo económico. Aspectos todos los anteriores que ha estado prácticamente ausentes de las consideraciones de la post‐campaña.

Al mismo tiempo que se dan amenas reuniones con los poderosos, las personas de abajo tienen que hacer filas eternas para entregar un documento; no se diga para conseguir una audiencia. López Obrador prometió una última gira antes de asumir la presidencia precisamente para este fin: esperemos a ver cómo se da.